A medida que evoluciona el género fantástico, los protagonistas del relato se ven despojados de cualquier rango de excepción para favorecer su identificación con el mundo real de la que depende el efecto fantástico.

En las historias fantásticas, los personajes pueden aparecer de un modo muy esquemático porque el autor prefiere dedicar más espacio a la explicación de aquellos elementos que escapan a la comprensión y conocimiento habitual del lector; elementos que son, justamente, los elementos fantásticos. La mayoría de los autores obvia el desarrollo del personaje y trabaja con arquetipos o figuras típicas ya construidas en el imaginario de cada género, como duendes, magos, hadas, vampiros, fantasmas, etc. Precisamente esa falta de trabajo en la construcción del personaje hace que en muchos momentos éste sea un mero cartón de fondo que habla.

El autor hace que el lector se vea obligado a otorgarle atributos a sus personajes por lo que el lector, que muchas veces necesita darle identidad para creerse lo que está ocurriendo, hace uso de una "ficha" inconsciente que aplica de inmediato.

Suele resultar complicado darle cualidades humanas a seres que no lo son. Así, es común que los extraterrestres terminen funcionando como humanos y que cuenten con cualidades demasiado "humanas". Este hecho se relaciona con que las actitudes incomprensibles de las personas son fácilmente comprensibles si se las analiza desde el punto de vista etológico, como animales que son los seres humanos, de la misma forma que muchas de las actitudes de los animales nos parecen incomprensibles, aunque se expliquen desde el punto de vista de la ecología o la supervivencia.

El personaje fantástico debe ser delineado con más detalle que un personaje humano. No basta con crear al individuo, es necesario remontarse hacia atrás y analizar la evolución de la raza, historia, cultura, las características de su relación entre seres, grupos culturales, políticos y económicos. Hay que tomar un grupo de estos seres y verlos funcionar entre ellos antes de ponerlos a funcionar frente a los humanos. Deben ser coherentes y funcionales porque son seres vivos que deben cumplir con una serie de normas que son universales para permitir la supervivencia y, si son inteligentes, deben cumplir con otras reglas más complejas aún y mucho menos evidentes para que exista su cultura, su civilización y su nivel de desarrollo.

El escritor de relatos fantásticos debe tener en cuenta algunos aspectos sobre sus personajes antes de darle vida en el texto. No es necesario que luego vuelque en el papel todas las características del personaje, pero sí debe tenerlas siempre presentes. De este modo se logrará coherencia y credibilidad, y un personaje con credibilidad actuará con personalidad, llevará a cabo acciones consistentes y se comportará de tal forma. Para ejecutar estas acciones, es necesario que el escritor realice una ficha con los elementos que definirán al personaje, entre los que se pueden encontrar:

1) Aspectos físicos: sexo y edad; tamaño, color, peso, cabello y belleza; vestimenta; higiene; tics, cicatrices, marcas, defectos físicos; actitud corporal.

2) Historia: lugar de origen; familia, parientes, amigos; ambiente y educación familiar; estudios, profesión, trabajo; hechos clave de su vida.

3) Psicología: carácter; humor; inteligencia; motivaciones; gustos; traumas.

4) Posición y función del relato.

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