El objetivo de lo fantástico es producir en el ánimo del lector un efecto de inquietante extrañeza, al tiempo que le ofrece una historia inscrita en el marco de la vida ordinaria donde se van a confundir las fronteras entre lo natural y lo sobrenatural, lo racional y lo irracional, lo vivido y lo soñado, entre el mundo de los vivos y el de los muertos.

De este modo, el orden del día a día se altera o cuestiona por la sorprendente aparición de un fenómeno extraño o inexplicable desde una perspectiva puramente 'racionalista'.

Entonces, cuando escribas un relato fantástico, tienes que sabes que este género abordará ciertos temas y los organizará dentro de una dinámica narrativa peculiar que contribuye a suscitar la inquietud, el desconcierto o la perplejidad del lector a la vez que motiva su cooperación interpretativa para llegar a encontrar algún tipo de explicación a lo inexplicable.

Por otra parte, la estética de la literatura fantástica implica un desafío a la mentalidad racionalista del hombre moderno y cuestiona el imperio absoluto de la razón y de la ciencia frente a la misteriosa identidad del ser humano y frente al enigma de su destino.

El relato fantástico se justifica porque convierte en arte la problemática de la escisión interior, el misterio de la seducción y del enigma del Mal, las aspiraciones o inquietudes que la perspectiva racionalista y positivista del mundo deja de lado. Por ello, ejerce una especial fascinación y adquiere un poder de iluminación de lo oculto, encarna las vivencias y aspiraciones más inefables y los interrogantes metafísicos- espirituales que nacen de lo más profundo del alma humana.

Por último, si quieres escribir un buen relato fantástico, debes tener en cuenta que tiene que estar narrado de tal forma que sea atractivo para el lector.

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