El diálogo es uno de los recursos más potentes con los que cuenta un escritor para dar agilidad, viveza y realismo a un texto.

Su capacidad para caracterizar personajes, para crear o resolver enigmas o tensiones, describir personalidades y situaciones, etc. hacen de él algo imprescindible en cualquier relato.

Así, podemos establecer una serie de puntos destacados para la escritura de los diálogos:

- Fijar la intención del relato y de la historia para elaborar los diálogos acorde a ellos.
- Elaborar las fichas de los personajes para adecuar el habla a sus características personales.
- No acumular información fundamental en un solo parlamento, sino dividirlo en varios, e incluso en diferentes diálogos.
- Utilizar los signos de puntuación de forma correcta, pero las exclamaciones y las interrogaciones deben aparecer solo cuando sea necesario.
- Escribir diálogos reales y creíbles para el lector.
- Utilizar las reacciones y formas de habla propias según la personalidad de los personajes y no escribir la forma en que nosotros reaccionaríamos o nos expresaríamos.
- No utilizar diálogos vacíos de contenido.
- No abusar del verbo decir.
- No contar en los diálogos la biografía de los personajes. Este punto restaría credibilidad al diálogo, ya que nosotros cuando hablamos, salvo en determinadas situaciones, no contamos esos datos, ya que el receptor sabe quiénes somos.
- Intentar mostrar las emociones y sentimientos de los personajes también a través de sus palabras, no solo con los incisos del narrador.
- Tener en cuenta los dialectos, modismos y jergas. En este caso tiene que quedar claro el significado de esas palabras para que el lector sea capaz de interpretarlas en caso de que no las conozca.

Este consejo forma parte del taller Cómo escribir diálogos. Toda la información en nuestra web.

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