A la hora de embarcarte en la escritura de una obra que pueda considerarse literatura de viajes, las opciones son infinitas, aunque debes tener en cuenta una serie de principios básicos.

 

Como punto de partida para este tipo de textos te puedes basar en la experiencia personal en un viaje, aunque los viajes pueden ser reales o imaginarios y reales o ficticios. No obstante, conviene apuntar que si comienzas con este tipo de textos puede ser una buena idea que lo hagasr con tus propias experiencias.

 

Así, los viajes que has realizado en el pasado pueden ser una gran fuente de inspiración para tus textos, que puedes presentar de diferentes formas.

 

En este sentido, la obra la puedes escribir como una narración de los lugares visitados y los sucesos acaecidos durante dicho viaje, como un diario, como un poema, como una carta o con cualquier otro formato que se ajuste a lo que deseas expresar y reflejar. Aquí las opciones son muy variadas y están sólo limitadas por tus gustos o preferencias a la hora de escribir. El formato que elijas para tu texto dependerá de aquello que consideres más apropiado para la historia, aquel en el que te encuentres más cómodo escribiendo o te guste más leer.

 

Para este tipo de obras puedes elegir cualquier tipo de género o formato y el texto deberá ajustarse a las normas básicas de estilo de cada uno de ellos. No será lo mismo que narres un viaje en forma de poema que en forma de carta. Ambas son igualmente válidas, pero las normas a la hora de escribir se ajustarán a lo que dicte cada una de ellas.

 

En este sentido, los viajes mentales te darán mucho juego porque no se puede viajar exteriormente sin viajar internamente. Además, también el diario ha sido muy utilizado en esta literatura porque es una forma muy sencilla de contar un viaje y con la que el lector se identifica rápidamente porque él se cambia con el personaje, introduciéndose en su piel para vivir sus experiencias.

 

No obstante, es preciso que conozcas algunas normas sencillas que rigen en las obras de literatura de viajes, independientemente del formato elegido.

 

Por ejemplo, cabe destacar que en este tipo de obras predomina la descripción frente a la narración, incluso en aquellos momentos en los que se narran aventuras. Es decir, en los relatos de viajes las aventuras, peligros y penalidades que viven los personajes no son el elemento principal del texto, sino que tan solo son un componente más de la obra y no tienen más jerarquía que la descripción de la ciudad o lugar donde se produce ese suceso. Si la narración de acciones tiene más protagonismo que la descripción no se trataría de un relato de viajes sino de textos de aventuras ocurridas durante un viaje.

 

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